Más de 50 huertas comunitarias han nacido de jornadas en las que vecinos, escuelas y familias se juntan para transformar un pedazo de tierra en alimento compartido.
Cómo acompañamos cada huerta
- Diseñamos el espacio con la comunidad: murales, camas, aromáticas y rincones para sentarse.
- Armamos camas con guadua y las llenamos de abono y tierra.
- Sembramos en una jornada colectiva en la que cada persona, de cualquier edad, planta algo.
- Cuidamos y compartimos lo sembrado y celebramos alrededor de una olla comunitaria.
Lo que queda después
Una huerta no termina con la siembra: queda un grupo que se reúne, aprende a hacer compost, intercambia semillas y cocina junto. Ese tejido es la verdadera cosecha.

